miércoles, 3 de octubre de 2007

Bala roja

¡Hola de nuevo! En este blog también vamos a publicar diversas cartas al director que tratan de los Objetivos del Milenio. Las enviamos a los diarios navarros para intentar que las publiquen, con más o menos éxito. Esta carta es de una de nuestras voluntarias más poéticas (jeje), Helena Vizcay. A ver si os gusta.

Bala roja

Tengo una bici. Sí, sé que no es gran cosa, pero a mí me hace feliz. Es roja, brillante, con el asiento y el manillar blancos. De vez en cuado, se sale la cadena y reniego un poco de ella. Pero me gusta. Es mi bala roja.

Todas las mañanas voy a estudiar montada en ella. Es mi pequeño placer diario. Bueno, eso y las cuatro pastillas de chocolate de después de comer. Me gusta bajar por la carretera sobre sus ruedas. Me gusta sentir el viento caliente en la cara y en los brazos. Pedalear tan fuerte que al final me duelen las piernas. Me gusta hacer sonar su timbre y llevar el almuerzo en su cesta.

Hoy he repetido mi trayecto. He llegado a la biblioteca, pero aun era demasiado pronto para sumergirme en el maravilloso mundo del derecho. Así que he decidido concederme otro capricho y ojear una revista. Mmmm... ¡La columna de Isabel Coixet! Me gusta Isabel Coixet; su cine de detalles y de palabras nunca pronunciadas y gritadas con la mirada. Pero ahora no habla de esas cosas que le hacen sonreir a uno sin motivo. No. Ahora habla de algo tan grave como incomprensible. “El último invento de Irán es la `bicicleta islámica´, un aparato que costriñe a la mujer en una caja de cintura para abajo, no fueran a levantar las pasiones de sus paisanos”, dice. Intento imaginarme el aparato, y me veo a mí misma encerrada en él. Ya no hay viento, ni sol en la cara. Ya no hay libertad.
Helena Vizcay

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